‘CATALONIA IN E-ESTONIA?’

Ana Fernández- Tresguerres, Notaria de Madrid. Consejera editorial de elEconomista
Ana Fernández-
Tresguerres, Notaria de Madrid. Consejera editorial de elEconomista

Estonia desempeña este semestre, por primera vez, la presidencia de turno de la Unión Europea, al renunciar a ello Reino Unido en atención a su periodo intermedio hacia la desconexión.

Su papel institucional en Europa ha conseguido popularizar su Administración virtual –really without paper-. La realidad de esta pequeña república báltica, de aproximadamente 1.100.000 habitantes y de complicada historia a sus espaldas, en la que especialmente pesa la dominación rusa, experimentó un giro copernicano cuando ingresó en la Unión Europea en la gran ampliación de 2004, junto con nueve estados, entre ellos, las repúblicas de su entorno: Lituania y Letonia.

En los últimos años, Estonia es conocida por el desarrollo que realiza de un ambicioso proyecto digital, pionero y ciertamente estratégico, en cuanto constituye un escudo protector frente a la vecina Rusia. Paradójicamente, su presidencia no logrará finalizar el expediente europeo relativo a contratos de contenido digital, carencia clamorosa en la Unión, que ciertamente no consigue gestionar su agenda digital al ritmo programado. Por ello, Estonia avanza por su cuenta, en aguas no totalmente cristalinas, en aspectos ajenos a la Unión Europea. Un ejemplo es la creación paralela de una e-Administración para sí misma y la asistencia técnica a otras Administraciones, como la de Cataluña, en áreas no reguladas en el Derecho Internacional Público.

Como consecuencia, el separatismo ilegal catalán ha encontrado en la digitilización proporcionada por Estonia una herramienta inesperada junto a la idea -en realidad paralela- de la e-residencia para quien la quiera obtener. Desde hace dos años, por 100 euros, Estonia proporciona una firma electrónica europea, es decir, una identidad digital, sólo parcialmente incluida en el ámbito del Reglamento europeo e-IDAS.Este programa choca, sin embargo, con la realidad estona de permanente pérdida efectiva anual de población desde principios del milenio, su importante minoría rusa absolutamente rechazada por las políticas estonas.

Mientras, la residencia virtual crece en diversos ámbitos, como el de la creación de empresas deslocalizadas. Deslocalización que alcanza tanto al país de origen del emprendedor como a la propia Estonia, en la que un porcentaje superior al sesenta por ciento de su PIB se fundamenta en servicios, careciendo prácticamente de industria productiva.

Este programa societario cuenta con la oposición radical de los sindicatos europeos y de las autoridades económicas de los Estados miembros. En la misma línea –centrándonos en el Derecho de sociedades- propugna, como presidencia, la coordinación europea en una información registral mercantil estandarizada con clara cercenación de las competencias estatales y sin apoyo alguno en la normativa europea.

No solo en esta materia, tan ligada a la competividad y al crecimiento, Estonia facilita identidad digital. Es líder en la internacionalización administrativa digitalizada. Es el caso de la residencia digital, discutida en los vecinos de estados limítrofes, como Finlandia y especialmente Suecia, con quien Estonia mantiene sus mejores relaciones comerciales y con los que, políticamente, busca acercamiento.

Desde otra perspectiva, Estonia como pionera en la relación digital completa con sus ciudadanos –incluso como se ha indicado para sus residentes digitales en un listado de servicios económicos, a su interés- también lo es en los fenómenos sociológicos coligados, como la exclusión digital que atenaza a colectivos sociales que presentan dificultad en acudir a esta realidad virtual por edad, salud o formación. Es relevante el dato sociológico reflejado en la curva de edad que nuevamente conduce a una progresiva despoblación. En este contexto, sin regulación internacional, la ayuda prestada a Cataluña es especilmente significativa. Cataluña sigue en su proceso separatista la hoja de ruta de Kosovo. Con la gran diferencia de no contar con el apoyo de EEUU, posicionado -se confía, como socio sin fisuras por intereses económicos y estratégicos con España-, lo que limita su potencial internacional.

EEUU, pese a la evidente pérdida de influencia internacional en algunas áreas, decide en su órbita como árbitro internacional sobre la creación de Estados. Incluso, sin pagar servicios, como al Kurdistán iraquí que no reconoce. Volviendo a Europa, es realmente llamativo que España, que encontró esta semana apoyo cerrado de Francia; con algún matiz de Alemania y Reino Unido y muy tibio de Bélgica, no obtuviera declaración alguna de Estonia, no tanto por sí misma, dado su muy limitado peso propio en el conjunto de los estados miembros, sino por su actual papel institucional temporal, la presidencia de la Unión. Si bien cierto es que los problemas internos de los estados miembros, incluso entre sí, como a menudo ocurre con el contencioso de Gibraltar, no son competencia de la Unión Europea.

Hoy el Consejo de Ministros dará un paso decisivo en la articulación, muy abierta, de la limitación de la Autonomía catalana, fraguada a fuego lento. Parece lógico que comprenda, al menos, la garantía de servicios básicos; la seguridad y por ende la economía y el poder ejecutivo. Más complicado, en este camino por andar, será el control del Parlamento de Cataluña. Pese a ello, la hoja de ruta del independentismo, que no se va a detener, hace tiempo que está marcada por la nueva realidad digital. Una ilegal e ilegítima declaración de las autoridades catalanas en favor de la independencia, puede, por ello, encontrar un apoyo virtual no regulado por nadie ni competencia internacional de nadie.

Fuente: El Economista

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