Gracias Europa

Maria Helena de Felipe

Artículo de opinión de Maria Helena de Felipe, presidenta de Fepime y miembro del Comité Económico y Social Europeo (CESE)

Nuestro país, con una elevada deuda y déficit público, ha tenido menos margen para salir al rescate de las empresas, y en consecuencia de sus trabajadores, que otros países de Europa con unas cuentas públicas más saneadas. Los que disponen de una hacienda más sólida, como por ejemplo Alemania, han podido sacar toda su artillería en apoyo de su tejido empresarial hasta alcanzar el 50% del total de las ayudas que desde los gobiernos europeos se ha ofrecido a las empresas.

Debemos terminar con la idea determinista de que la latitud condena a unos países a la precariedad en su contabilidad y gestión pública y a otros les garantiza la liquidez y la competencia en la gestión. Grecia y Portugal no han sido en esta crisis unos PIGS y están al Sur, como España. En el pasado, Irlanda formaba parte de un bloque precario, a pesar de estar al norte, y hoy, en cambio, no. La misma España, más al sur que nadie, fue ejemplar en el momento de ingresar en la primera hornada en la moneda única.

Si nos tomamos en serio la gestión pública y la gobernanza cuando llegan crisis como la actual es posible extender, provisionalmente, los tentáculos del estado para sostener la economía. En esta crisis hemos aprendido que es un error vivir ajenos a las decisiones y gestión públicas o de espaldas a las instituciones europeas. El papel de la administración no debe ser el de la intervención o la nacionalización sino el del acompañamiento y apoyo al mercado.

Lamento profundamente la imagen que en excesivas ocasiones se transmite de la Unión Europea como un club elitista de gente egoísta incapaz de entenderse y ayudarse entre ellos. Poco se habla, por ejemplo, de los aviones alemanes que han trasladado desde Francia a pacientes galos para poder ser atendidos al otro lado del Ruhr.

También es inadmisible que se diga que la globalización ha muerto y que Schengen es un fantasma del pasado. Los enterradores de la globalización afirman que dicha libertad de mercancías, capitales y personas ha provocado la rápida extensión de la pandemia. La realidad es que la apertura de mercados, la libertad de movimientos y derribo de fronteras ha permitido a miles y miles de pequeñas empresas abrirse al mundo y prosperar; es un trabajo de generaciones, arduo, el sueño de Schuman, que si muere condenará a millones de europeos a una vida social y económicamente peor.

Es inadmisible que se diga que la globalización ha muerto y que Schengen es un fantasma del pasado

El Ejecutivo comunitario ha acordado ofrecer a los Estados miembros un plan de reconstrucción de 750.000 millones de euros que en gran medida son subsidios, 500.000 millones, lo que supone un 66% del total y el resto, 250.000 millones en forma de préstamos, 33% del fondo. Alemania asume la presidencia de la UE en el segundo semestre de este año y ya anunciado que pretende que el plan se apruebe durante los primeros 30 días de su semestre, con permiso del Parlamento Europeo, donde están los principales detractores.

Cuando criticamos a Europa olvidamos que España será el segundo país de la Unión más beneficiado de este fondo solo por detrás de Italia. Las negociaciones avanzan y el trabajo del Presidente del Consejo, Charles Michel, nos llevará a recibir 172.745 millones, de los cuales 81.807 serán subvenciones no reembolsables y el resto créditos. El interés tanto de Merkel como del resto de los líderes europeos es cerrar el pacto de reconstrucción cuanto antes para retomar las no menos importantes para España y Europa negociaciones sobre el Brexit.

Frente a estas magnitudes nos cuesta hacernos una idea de lo que estamos hablando, pues bien, la cantidad que la Unión Europea pone encima de la mesa para ayudar a España a salir del pozo de la crisis del Covid es casi el doble de los 138.000 millones que el Ministerio de Hacienda afirma haber movilizado.

Si tenemos en cuenta que de los 138.000 millones gestionados por el gobierno español para hacer frente a la crisis, 100.000 son avales y solo 38.000 ayudas y acción directa, podemos establecer que la ayuda europea es cuatro veces superior a la aportada por nuestro gobierno.

España debe reforzar su papel en Europa, debe estar más presente en Bruselas, no solo el gobierno, también las empresas y las asociaciones de toda índole. Sin Europa, la reconstrucción de la economía española sería mucho más difícil por no decir imposible.

La lamentable decisión de Nissan de abandonar Barcelona ha abierto otro frente en las relaciones europeas. Los mismos antiglobalizadores quieren plantear una guerra entre países y enfrentarnos. Francia es un aliado comercial imprescindible para nuestras empresas. Debemos profundizar en la relación con Europa en dos sentidos, con las instituciones europeas y con todas y cada una de las cancillerías de los otros 25 estados miembros.

Apostar por Europa debe venir de la mano de apostar por la calidad de nuestra gobernanza, no habrá políticas sociales posibles si no tenemos en España un gobierno estable que tenga claro que el rigor económico, la moderación fiscal y la seguridad jurídica no son progresistas ni conservadoras sino una exigencia innegociable a todo gobernante.

Fuente: ABC

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